Saturday, May 15, 2010

EL PROGRESO EN LAS FUENTES MONÁSTICAS

via Estoy a tu lado by Monja de Clausura Orden de Predicadores on 5/13/10





Sor.Cecilia Codina Masachs O.P
Real Monasterio de Santa Catalina de Siena
Paterna (Valencia)



En el transcurso del tiempo, la evolución del pensamiento tiende a ir por una aceleración, más que a un progreso resolutivo de lo que constituye el ser humano como una llamada vocacional de Dios, a vivir en un monacato.

¿Por qué hablamos de aceleración? Simplemente porque hoy es un mundo de consumo, un mundo donde hay que correr no sólo para hacer, por desgracia también hay que correr para ser. Y, en consecuencia ese «Ser» hoy es un hombre, una mujer con una cierta falta del sentido de responsabilidad, es evidente que es un fenómeno que se ha desarrollado en numerosas sociedades y culturas, merced a la facilidad de la comunicación y de la información, que son dos fuentes fruto del progreso, pero que son distintas y sin embargo sin un proceso de maduración no se llega a profundizar los conocimientos que vamos adquiriendo por más que estemos informados.

Por lo tanto es necesario favorecer la comunicación, con más hondura, en un sentido cognitivo, personalizado para recuperar las relaciones interpersonales que hacen que una sociedad, sea libre y generadora de humanidad.


-COMO SE APRENDE A SER MONJE O MONJA.

.-Cuando entramos en el monasterio, nos reciben muy cariñosamente, lo primero que las monjas o la Priora o Abadesa, hace, es invitarnos a ir a visitar al Señor en el Sagrario y de paso nos enseñan el coro y la iglesia y nos atienden dándonos el horario, dónde se halla nuestra celda, el refectorio, los baños. Es lo que llamamos «Situar a la recién llegada en su lugar en el monasterio»

.-El segundo paso que se realiza al entrar en un monasterio, es: «Situarnos en vida comunitaria», ya sabes , que por ser la recién llegada te toca ir detrás de toda la comunidad en fila, y la comunidad te estudia a ti y tú, la estudias a ellas, individual y colectivamente y te vas haciendo una idea del temperamento de cada hermana y por un lado, la recién llegada, se va situando y la comunidad que es en definitiva la que más va ha observar hasta el hilo más fino que haya en la candidata, para situarla donde le corresponda.

Nos van situando y nos sitúan. Pero esto no es sólo exclusivo de un monasterio, es propio del ser humano en cualquier trabajo, escuela, en cualquier grupo social, cuando llega una persona nueva en el grupo, nos estudian y los estudiamos buscando donde podemos encontrar apoyo, amistad y donde debemos de huir para que no nos hieran. Hay que tener en cuenta que posiblemente el futuro de la candidata a la vida monástica dependa de cómo nos sépanos situar como novatos y qué es lo que hemos de hacer para sabernos bien situarnos en ese papel desconocido al formar parte de una comunidad que no nos conoce ni las conocemos.
Cuando decidimos entrar en un monasterio no sabemos si tenemos vocación, si no nos dan de beber de «Las fuentes de la Vida Monástica»

Es propio de la vida monástica el estudio de las Sagradas Escrituras, el estudio sistematizado y bien organizado de las distintas materias necesarias para completar una sólida formación integral: teología, psicología, sociología, filosofía, adecuada a cada monja/e según sus posibilidades intelectuales.


El Abad San Antonio nos ha legado una hermosa herencia en la vida monástica y es la Lectio Divina, el la cual a través de una profunda meditación y contemplación de los misterios de Dios, el hombre se diviniza.
La vida monástica todo lo hemos aprendido porque se nos ha sido regalada y por ello es siempre un camino de aprendizaje de los dones de Dios


LOS INICIOS DEL MONACATO

El monacato apareció dentro del cristianismo como una clase especial a finales del siglo III. Anteriormente se los tenía como a un grupo de hombres que libremente se retiraban para vivir en soledad con Dios.

No obstante siempre han surgido dudas sobre por qué aparecen esos hombres que prefieren vivir en soledad. Se les acusa con varios motivos, que algunos siguen siendo hoy válidos, porque sobre todo a las mujeres se les ha etiquetado como una huida de la vida del mundo o bien por un desengaño amoroso, por pobreza o por inconformidad con la sociedad y el tipo de cristianismo que se vivió en los dos últimos siglos.

Pero hay que añadir que desde el siglo XIII, existe el agravante que los padres se deshacían de sus hijas cuando éstas tenían algún tipo de anormalidad o bien no era conveniente darla en matrimonio y mediante una buena dote, se quedaban acogidas en el monasterio como legas o coristas.

Pero nos inclinamos a pensar que la razón fundamental es y ha sido siempre la búsqueda de Dios, viviendo en pobreza, mortificación corporal, la abstinencia y los ayunos y viviendo en la soledad de Dios.

El historiador del Monaquismo M.Colombás, escribe: «Los orígenes del monacato están rodeados de oscuras sombras. Tan oscuras e impenetrables que el tema se está debatiendo desde los tiempos de San Jerónimo» y añade: «Los solitarios antiguos conocían muy bien la Escrituras, descubrieron en ellas el gran tema del desierto que, como es bien sabido, ocupa la historia central en la historia y la misma formación del pueblo escogido» .

Recopilando un poco la historia del monacato nos hallamos con el primer documento de la vida monástica que es de San Antonio Abad .
También contamos con D. Knowles que establece el dato indiscutible como punto de partida del monaquismo eremita: No hay duda acerca del momento y lugar donde aparece, fue en el Bajo Egipto a finales del siglo III. Más exactamente en la Iglesia egipcia donde Antonio, hijo de ricos campesinos, escuchó: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo»

Sabemos que tras un periodo de anacorismo, se hizo Padre, de algunos pequeños monasterios dirigidos por él, gracias a su bibliografía, sabemos alcanzó un valor normativo en las sucesivas expresiones de vida monástica, aunque fue San Basileo el que aportó notables correcciones, sobre todo de relaciones de convivencia comunitaria, en términos de relación de amistad, y además limitó el número de monjes que vivían juntos, e insertó sus monasterios dentro del contexto social y eclesial, añadiendo escuelas, hospicios y orfelinatos y ante todo reglamentó la vida para dejar espacios de estudio y oración.

Un personaje muy destacable en la historia de monacato es, ama Macrima quien se anticipó a su hermano Basileo (329.339), acogiendo antes el carisma del monacato e inaugurando con sus discípulas el floreciente cenobio de Vírgenes de Annesi o Annsia, junto a los orillas del río Iris, en el Ponto, territorio actual de Turquía .

Eusebio de Emsa (m359) traza el diseño del prototipo ideal del monje que él se apresura en reproducir con rasgos bastantes concretos: «Vimos a un hombre que no había contraído matrimonio, y aprendimos a no casarnos».
«Vimos a un hombre que no tenía donde reclinar su cabeza, y aprendimos a despreciar todas las cosas. Vimos a un hombre que andaba por los caminos, y no para comprar y poseer cosa alguna, sino para enseñarnos a abandonar los bienes que no nos pertenecían. Vimos a un hombre que ayunaba para enseñarnos a ayunar, no con palabras sino con el ejemplo»


Los monjes de la antigüedad se consideraban como continuadores de la genealogía de los grandes amigos de Dios, curtidos en la experiencia del desierto, de tal forma que poseían una viva conciencia de ser pobres eslabones de una larga cadena: «Esta descendencia ha ilustrado al eremitismo y al monacato en general más que todos los títulos de gloria»

Sin duda, el arquetipo permaneció estable en un proceso evolutivo desde la fórmula rigurosa eremítica hasta el cenobio del estilo pacomiano, más equilibrado de evangelio, sobre la imitación de Jesucristo, fueron la fuerza poderosa eficaz que inspiró este género de vida tan exigente.



LA VIDA FILOSÓFICA


Cuando se inició la vida monástica no se denominaba «Monástica, sino Filosófica», llevar una vida filosófica era vivir un sistema ordenado donde se estudiaba, se trabajaba y además todo se disfrutaba en común.

Este estilo de vida monástica va creciendo como una de tantas escuelas que existían en aquella época.

Mucha gente, entre ellos numerosos jóvenes fueron a buscar a San Antonio que explicaba el significado de seguir una determinada escuela cristiana. Éstos no estaban bautizados, pero les gustó lo que explicaba San Antonio y fueron aprendiendo antes la vida monástica que la cristiana.

San Antonio era considerado por san Juan Crisóstomo «El evangelio puesto en práctica» y a través de la calidad de su formación teológica, San Atanasio entusiasmado por cuanto sabía, ayudó a difundir su género literario tal como hoy conocemos.

En los inicios de la «Vida Monástica», sólo existían maestros y la gente se adhería a esas escuelas por el nombre del maestro. San Antonio aprendió de estas escuelas filosóficas y posteriormente directamente de Jesucristo.


Existían distintas tradiciones, pero todas bebían de la misma fuente:
San Antonio les enseñó que por encima de pertenecer a una escuela del Padre-tal o cual-, que ante todo se pertenecía a «La Escuela de Jesucristo» y este es el descubrimiento que hacemos siempre: pasado, presente y futuro, es el manantial de la Vida de toda vida que sigue los pasos de Jesucristo.

Y ahora nos llega otro personaje clave en la filosofía, «Pitágoras» que les decía: «Os pido que todos los que os presentéis a mi escuela, tenéis que ser desprendidos, de otra forma nunca seréis libres y no podréis progresar espiritualmente, porque el primer deber que tenemos es de «Conocernos a nosotros mismos»
Este es el principio filosófico de todas las escuelas.

San Antonio deseo comprender a los demás y no fue un estorbo para su progreso espiritual, gracias a dejarlo todo, para poder disponer de él mismo, pudo ejercer el voto de pobreza y realizar una de las empresas humanas más heroicas de realizar: «Conocerse a sí mismo para conocer a los demás y conocer a Dios».

Existen tres campos donde «El conocerse a sí mismo se debe de aplicar»
1.-A la vida afectiva
2.-Al trabajo
3.-El compartir.

Si falla una de estas tres, no existe progreso espiritual.
Quien no es capaz de llenar su parte afectiva, de cuidarla está rompiendo su unidad personal el «YO» que Dios desea que conozcamos y en todo lo más importante es «El cómo, de cómo hacemos todas las cosas»

En La vida Monástica, (como ya hemos citado anteriormente) todo lo hemos aprendido porque se nos ha sido dado, regalado, la vida Monástica es siempre un aprendizaje de los dones de Dios, de ahí proviene, que un monasterio solamente puede ir bien, no porque hayan vocaciones, sino que las personas que vivan en él, den su don personal, esto pertenece a la primera "FUENTE DE VIDA MONÁSTICA" .

Orígenes, tomó estas tres cosas y las cristianizó.
Percibió que La Vida Monástica, si tenía que tener aliciente para aquellos paganos, tenía que enlazar su cultura y relacionarla con el Génesis con los dioses buenos y los dioses malos de la mitología griega, para llevarlos a la contemplación de la luz de Dios que es Jesucristo.
El monje de aquellos tiempos percibía intensamente que Dios estaba en él y en todos los demás

La vida Monástica es una Fuente de Humanidad

La contemplación aunque para algunos les parezca un desatino, no es lo primordial en el carisma monástico, lo principal, es: «conocernos a nosotros mismos» Es un deber, el primer deber si deseamos conocer a Dios tal como ya hemos dicho anteriormente, y así alcanzar los distintos grados de contemplación de Dios.
Cuando tengamos oportunidad de entrar en la filosofía de la cultura helénica, egipcia, nos sorprenderemos de su sabiduría.

La fuente de los diálogos de Platón, drenan de las tragicomedias de los poemas de Homero, y en ellos aparece la amargura de toda la realidad humana oculta bajo una máscara, porque no nos atrevemos a vernos tal como somos.
Sócrates decía: «Mejor no llevar máscaras y así tendrá más valor tu autenticidad»
Orígenes afirmaba: «La vida monástica sirve para libertar al hombre de sus máscaras, es decir: «Yo me amo tal como soy o no existo»
Es necesario buscar el conocimiento de sí mismo. Yo siempre he tenido un maravilloso referente el las tentaciones de Jesús. (cf.Lc 4,1-13) ¿Qué tentación podía haber tenido?

Pues la de la de NO SER HOMBRE… si eres hijo de Dios, arrójate al vacío. Pero como los hombres no pueden hacer semejantes prodigios, Jesús quiso ser hombre hasta el final, es decir, hasta la misma Cruz.

Uno de los peores males que podemos realizar en un monasterio, ¿saben ustedes cual es? El servilismo, Jesús no quiso tener ningún discípulo servidor, sino un autentico amigo. Ser auténtico cuesta mucho.

Conclusión:

Nosotras somos hijas de este carisma monacal, es el primero que surgió en la Iglesia, después de las mártires que finalizó con la persecución de Diocleciano (ca. 245-311).
Desde entonces nació la primera espiritualidad de la Iglesia, ya contemporáneamente y, ya fuimos monjes/as. De esta fuente de Vida provienen los valores ascéticos de la vida monástica.

Hubiese Deseado extenderme en este artículo, que ha sido fruto del estudio realizado en un cursillo en la Abadía de Montserrat (Barcelona) realizado por el Salvador Plans, o s b.


No obstante deseo expresarles, que el progreso en las fuentes del monacato, siguen vivas a pesar de no tener vocaciones como en otros tiempos, pero debemos hoy, monjes y monjas ser nosotros mismos el agua que mana y corre en La Iglesia.

Con ternura
Sor.Cecilia Codina Masachs O.P
PUBLICADO En la revista «Vida Sobrenatural» mayo-junio 2010

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